Intraterrenos

Salí disparado de mi estancia física al interior de la tierra. Catapultado por una onda magnética que me atraía. Era un paisaje desconocido para mi pero no para mi ser, me sentí reconfortado en aquel líquido espumoso.

Sentí como se acercaba tórridos truenos de batalla, sentí como las familias se separaban en una despedida anunciada, sentí como unos pocos se quedaban a proteger los cultivos de luz que emanaba del interior de la madre, cual gárgolas.

Y en ese instante una dura y ejercitada voz de mando me rescataba de mi presencia fetal, sentí su dominio y sabiduría, sentí como aquellos seres de rostros dóciles de otras razas sentían júbilo al reconocerme como un antiguo amigo regio, sentí mis manos frotando sus mejillas, sentí el emanar de sus dulces labios, sentí su liviandad, sentí su conexión con el Todo, sentí como sus férreas alas fulgían felices sus filamentos cual si fueran frágiles. Sentí escudos chocando tridentes como si fueran truenos tocados por trombones estruendosos, sentí que guardaban algo preciado, más importante que su propia existencia, sentí su compasión, sentí que hay y habrá esperanza pues guardan el secreto de un nuevo amor. Uno que nos llenará por completo, un amor que saciará nuestros sentidos y sentires, uno que una en un mismo latir al unísono de la unicidad del ser uno con el todo, unión sentida en emoción mensajera del cielo y la tierra, de aquel lugar que recuerdo y traigo al presente aunque en él no hay limitación de tiempo ni espacio, de  continente ni contenido, curioso es que en ese perfecto anillo todo está en orden, para él ya llegamos. Quizás parezca que nunca nos fuimos del todo, solo siente el camino, ya estás allí, aquí. Alef y omega.

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