Huellas de guerra

Un día más en la carretera tras dejar a mi hijo en el cole, tarde debido a dos accidentes de tráfico  leves en el camino, salgo por la maravillosa nueva autovía que baja del Chorrillo y se une en un caos grotesco con la salida de Radazul y Polígono junto con la entrada a la transitada autovía Sur- Vía de Ronda. Una genialidad de algún ingeniero generoso y gentil con ese gendarme que nos vigila uniformado de oscuridad penetrante y que lleva la hoz en la derecha aunque siempre vigilante está a nuestra izquierda, quizás si lo vierais en las sombras estarías más en la vida presente.

Los coches se cruzan a distintas velocidades en los dos primeros carriles de la autopista, más el carril multiusos de entrada-salida y rezo. Hay días que milagrosamente salen los vehículos indemnes como si algunos ángeles atareados jalaran de hilos de marionetas coordinando lo imposible. De pronto desde el cuarto carril impregnado de coches surge a toda velocidad un vehículo azulado que esquiva en su intento de pasarse al tercero, a un pequeño mini rojo que salta valiente y alocado desde el acceso a ese tercero, con o sin ojos, jugando a la ruleta rusa con cinco balas. El tiempo se detiene, los ángeles no dan avio, intervienen los dados, sale el uno y la Matrix se rompe, dejando escapar al afortunado vehículo de la colisión inevitable.

Aminora la marcha ahora cuando la vía está libre para él y dudo en adelantarlo no vaya a ser que haga otra maniobra indómita. No puedo evitar observar al pasar, veo su pelo tapándole la cara, sus muñecas con pulseras de minerales, siento  su respiración en la distancia y su estrés, me viene la imagen de un guerrero o guerrera vikingo o alejandrino de antiguas épicas batallas. Es su lucha diaria, llegar al trabajo donde probablemente la presión de llegar tarde le hizo cometer tal barbarie. Padres y madres  apuran los últimos segundos del desayuno de sus hijos, con las entradas tardías de centros, con las fichas de jefes que pagan con plástico cautivo, en un mundo occidental donde siento que sigue aquella guerra de antaño. Las conquistas son otras, los conquistadores no arriesgan la vida y se ocultan a veces en las esquinas de las sombras, son como de otro mundo, un mundo de lujo que sobrevive apretando tuercas a aquellos que creen ser libres pero son presos de la mente y de papeles firmados sin sangre pero que la derraman.

Me acordaba de Alejandro y la batalla de Gaugamela contra el ejército Persa, una de las más sangrientas de la antigüedad. La potencia asiática contra la que emergió entonces en Europa, los macedonios del célebre conquistador. Doscientos quince mil muertos trágicamente, con valor pero con dolor, por el salario pobre de entonces pero por la gloria de otros. En el año 2002 en Europa fallecieron 55000 personas en accidentes de tráfico, tras años de mejoras, las cifras vuelven a ser alarmantes. Los coches son más seguros, las normas más severas pero hay nuevos factores que alteran la ecuación, móviles y objetivos de empresa. Si habláramos de aquel ejército representativo de Asia las cifras serían incontables , solo en China hay 100000 muertos de tráfico al año. 

Si estamos en guerra, una guerra silenciosa pero con bajas. El tráfico es lo de menos hay otros asesinos a sueldo en la ecuación.

Con esfuerzo consigo llegar a Santa Cruz, en el semáforo veo un lujoso coche que se sitúa a mi derecha donde hay un personaje de traje y corbata peleándose con su móvil, ausente del mundo, se posa en su capó levemente una gaviota y emprende su bello vuelo radiante cuando el señor que trata de vivir de limpiar los espejos, se acerca a la ventanilla, ni lo mira, evita los ojos, un muerto viviente que no llega a captar la belleza de los peatones que deambulan delante de su vehículo: risas, miradas, llantos, brisa, hojas que caen, lotos que florecen. Se pierde la vida ordenando mensajes de rapapolvos inútiles que culminen en lograr sueños de otros, no tienes éxito solo tienes materia densa y sin sentir, coballa de arcontes imaginarios que te chupan la sangre azul que le queda. Las cifras de suicidios en Canarias son alarmantes, cada año ascienden , si le sumamos aquellos muertos jóvenes por infartos, anginas y toda aquella enfermedad que derive de estar desconectado de tu corazón, desconectado de la vida, nos asustaríamos. Rodeados de belleza, de sol, de verde, de mar, de brisas frescas, de gente que cuando para es simpática y amable. ¿Qué nos pasa? ¿ Qué sucede y por qué pocos lo ven? Te lo digo yo , estamos en guerra o estáis en guerra , yo entro y salgo del sistema, paso desapercibido y conecto con la Tierra, el mar y las estrellas.

Prosigue mi día y recojo a un ser amado al que dedico hoy un tiempo y espacio, para compartir con ella, con esa mujer que me trajo al mundo, me amantó y protegió, todo el tiempo que le pueda dedicar es poco. Rumbo a Candelaria, paseamos, conversamos y antes de volver a entrar en el sistema de puntos y facturas para hacer cash ,nuestra charla se ve interrumpida por gritos alterados. Un señor dos mesas más atrás descarga toda su ira contra la compañía telefónica de turno, haciendo diana en el operario que se encuentra detrás de la línea telefónica, quizás o seguramente lleve razón, esas grandes compañías son los vampiros de hoy, pero su personificación y falta de respeto hacia la persona que entrenada debe corresponder a su esclavizante ser superior no tiene culpa, la culpa es un invento que despista. Voladores se alimentan de la ira, me planteo por qué me toca hoy observar todo esto, qué me está pasando para recordar lo que ya no hago y de lo que antes era otro esclavo. Poco a poco las voces y murmullos del respetable van acompasando la energía de los guaripas. Las señoras que acompañan al indómito le instan a que baje la voz, que lo deje, no resuelve nada gritando, pero les ignora e incluso les lanza miradas furtivas. Recuerdo entonces la capacidad que tenemos todos con la intención de cambiar la energía, enviar amor, absorbo en un hoyo hacia la tierra todo lo negativo del ambiente, los bichos se alertan. Entono cantos shipibos, las miradas se posan en mi cambiando el foco, atisbo alguna sonrisa pero el loco no soy yo, sigo con mi mantra pero cambio a Peia para que las sílabas se entiendan, mi madre me mira un poco entre avergonzada y sorprendida pero entiende lo que pasa. https://www.youtube.com/watch?v=FKlFUpQDE8A .El señor alterado cruza una mirada conmigo, mi ojo le sonríe adentro, el no sabe lo que sucede pero se calma, su corazón echa a patadas a los dragoncillos voladores, mira a su mujer como pidiendo perdón, vaya karma que habrá sanado ese bello ser . Hay un silencio , sopla el aire del este, trae aroma marino. Hay tregua pero esos diabólicos aparatos nos meten de lleno en una guerra, en un vertiginosa urgencia de disponibilidad. La ira, la rabia, el estrés, la ansiedad, enfermedades víricas del siglo XXI, el cáncer viene detrás de ellas, cientos de miles de casos cada año, mejor no menciono los números.

Podemos ser esclavos de una guerra silenciosa, puedes entrar a consciencia en ella pero no ignores sus huellas, están ahí. Nos quieren matar y no de amor como diría Pablo López, el sistema no funciona, se necesita un cambio de percepción y de consciencia, vienen de la mano. Es la revolución francesa que va a estallar sin guillotina y sin sangre, pero con un ADN evolucionado. ¿Cómo?¿cuándo? ya está en marcha, algunos la quieren parar con medidas contra las pseudociencias pero hay un volumen tan grande de seres que están en pro de la igualdad, en pro del reparto, bajando luz a la Tierra, haciendo el cielo en ella. No se puede parar, el agua atraviesa los muros y corre más fuerte que nunca pues desciende del pico más alto.