Competir Sin Ego¿Es Posible? (I parte)

Cuando comenzamos nuestra andadura en un deporte, a la edad que sea, lo hacemos impulsados principalmente por dos objetivos: sentirnos bien y mejorar nuestra condición física. Esto es en resumen salud y vida.

El sentirnos bien incluye la diversión, las nuevas interacciones personales o sociales que acompañan el entorno del deporte elegido, hacemos nuevos amigos con los que nos divertimos. Siento mi cuerpo y siento satisfacción por moverlo, ejercitarlo. Esto es satisfactorio, divertidísimo y sano, se producen unos procesos químicos que estimulan la producción de serotonina, esta llega a nuestro cerebro y activa procesos neuronales muy positivos.

Además los pulmones se llenan de oxígeno que pasa al torrente sanguíneo, alimentando todo nuestro cuerpo. Nuestros órganos y toda la maquinaria funciona, las toxinas se eliminan, que delicia esa sensación de calor y sudor,  purgas lo que sobra.

Todos recordareis de la niñez ese momento en que os pasasteis de rosca, llevando al límite vuestro corazón y este latía con una fuerza increíble, ponías la mano encima, sentías su fuerza indomable. Llegar a los límites precede a una etapa de control , sumándole la constancia viene la mejoría de la condición física. El sistema funciona cada día mejor y las habilidades en el deporte también se perfeccionan en el proceso.

Entonces es cuando llega el personajillo escondido, el Ego, y comienza a adentrarnos en su mundo de comparaciones. Las primeras más infantiles no son tan negativas porque surgen de la imitación, ves un personaje x del deporte y tratas de hacer sus gestos, trucos y habilidades. Incluso te pones la meta de llegar hasta ese nivel, la búsqueda de la perfección es algo intrínseco a la especie humana. Si el objetivo es a largo plazo y no pierdes el camino, sigues disfrutando de esa etapa infantil , no llega a ser tan nefasto, pero es mejor estar en el ahora.

Estos objetivos si son desastrosos cuando esa fijación es reforzada por entrenadores o padres. Y en el adulto cuando se vuelve obsesivo y no miramos con objetividad hacia dentro, culpando de nuestras derrotas a todo lo que está fuera. Llámese equipo, compañero, entrenador, la mala suerte o un largo etcétera de excusas.

Lo que tiene un paralelismo con el mundo chamánico y el guerrero, todos los antiguos dejaron la siguiente sabiduría: el problema del guerrero y su verdadera fuerza se encuentra siempre dentro, nuestro enemigo muchas veces somos nosotros cuando estamos pendiente de satisfacer a los de fuera.

Las comparaciones

¡Ay! y ¿cómo somos? aquí no se para la cosa, comenzamos a compararnos con el compañero y rival. El niño por naturaleza mira lo que hace bien el compañero y sigue tratando de imitarlo. Su comparación es positiva y en segmentos.

-Este gesto lo hace mejor que yo debo mejorar pero este otro me sale bien.

Y la presión social o deportiva va más allá y compara personas.

-Julio es mejor que Pepe

-Juan le pega más fuerte que Pepe

Es demoledor cuando además se incide en un aspecto negativo

-Paco y Amalia son técnicamente maravillosos pero Juan no se esfuerza, es vago.

En la medida en que las comparaciones que se vuelven calificaciones son realizadas por un técnico experimentado estas son más constructivas.

-Amalia y Doris han mejorado mucho la técnica, ahora Doris desde que consiga recuperar la posición más rápido tendrá más efectividad. Amalia ese aspecto lo tiene logrado y debe incidir en potenciar su aceleración.

(lo que cambia la perspectiva)

Así son los comienzos en la pre y competición.

Bajo mi punto de vista el deporte está mal enfocado, ponemos unos baremos de eficacia, reglas y puntuación que dan un resultado. Es lo que prevalece. Y más que nos pese, en la mayoría de los deportes gana el que menos falla, parece lógico pero va en contra de algo que nos ha hecho subsistir como especie en la Tierra. La creatividad y la belleza.

Entonces por qué se castra a los niños con ese afán comparativo. Díganle a Demócrito, Kepler o Einstein que no lanzaran sus teorías arriesgadas o creativas . Que fueran a lo seguro, a no errar. Es que acaso tenemos que castrar cerebros derechos. Así un alto porcentaje de la población serán buenos obreros de percepción limitada. ¿Son el vivir del deporte y las loterías métodos  con metas frustrantes para mantenernos en una cadena de ilusión ficticia? Y claro para mantener el sueño, alguien tiene que lograrlo.

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Temas pendientes

Dejo de momento ahí esas interrogantes, en el aire y para la segunda parte de este artículo, respondo a las siguientes preguntas:

¿Cómo competir bien haciendo al otro mejor?

¿Cómo disfrutar de la competición y evitar la presión de padres y entorno?

¿ Cómo poner la adrenalina a nuestro favor ?

Evitar frustraciones.

Llegar más lejos sin perder tus valores. Ser creativo y efectivo, estar en equilibrio. Rivales y amigos. Alegría sin deshonor. Compasión y pasión.

Aquí va el link para la segunda parte de este artículo https://wp.me/pavJP5-3a